Voluntariado Ontológico en Tiempos de Inteligencia Artificial

Uno de mis primeros voluntariads fue en una cárcel. Era un programa con personas privadas de libertad que estaban próximas a salir. Dábamos entrenamiento en conversación asertiva y en el uso del lenguaje para generar acuerdos. Todos hombres, de distintas edades. Algunos reconocían sus delitos, otros no. Y no era mi función evaluar eso. Mi tarea empezaba en otro lugar: cómo conversar desde ahora en adelante.

Recuerdo la primera vez que entré.
Cinco rejas antes de llegar al aula, a tres puertas cerradas de los guardias. La sensación corporal era muy clara: necesitaba estar en paz, centrado, respetuoso. Ahí entendí que escuchar y observar no solo son  técnicas sino forma de habitarnos, dejando de lado mis propios juicios, que ahí no me servían para nada, es más, podrían haber complicado las conversaciones

 

En esas charlas  hubo silencios, reconocimientos, nuevas formas de ver y hacer. Muchos de ellos, al salir, entraban en un programa de inserción laboral del cual nosotros éramos parte.

 

Y algo cambió en mí.

Yo creía que si acompañaba personas que habían delinquido podían activarse juicios míos sobre “el tipo de persona que delinque”. Había una mezcla implícita entre el ser y el hacer. En ese espacio pude distinguirlo con una claridad brutal: una cosa es la acción, otra es cómo  está siendo esa persona en ese momento y otra la identidad que yo le adjudicó.

 

Ahí mi observador se expandió.

Como sostiene  Rafael Echeverría, los seres humanos vivimos en mundos interpretativos (Echeverría, 1994). El lenguaje no sólo describe, sino que genera realidad social (Flores, 1982).

 

Hoy muchas personas conversan con Inteligencia Artificial sobre temas sensibles. La IA organiza información, genera respuestas coherentes, puede incluso abrir preguntas y dispar insight.

 

Sin embargo, en filosofía de la mente se distingue entre descripción y experiencia subjetiva, lo que se denomina qualia (Nagel, 1974). No es lo mismo explicar una emoción que sentirla.

Antonio Damasio mostró que nuestras decisiones están moduladas por marcadores somáticos, registros corporales acumulados en la experiencia (Damasio, 1999). Nazareth Castellanos ha investigado cómo la interocepción conecta cerebro y cuerpo en los procesos cognitivos y emocionales (Castellanos, 2022).

 

La transformación no es sólo cognitiva, es corporal, emocional y relacional. Desde el Coaching Ontológico, eso nos suena familiar y es pueden observar

 

El modelo OSAR conduce claramente  a que los resultados dependen de las acciones, y las acciones dependen del observador que somos (Echeverría, 1994). Julio Olalla sostiene que el aprendizaje transformacional implica expansión del observador (Olalla, 2001). Cambiar resultados exige expandir y por lo tanto cambiar el observador.

 

El voluntariado no sólo transforma a quien consulta.

Te invita a revisar tus propios juicios.
Afina tu escucha.
Participas de una red de coaches donde hay conversaciones y crecimiento profesional.

 

Hay algo profundamente humano cuando alguien confía en vos para revisar su historia. Aparece la gratitud. Y aparece responsabilidad.

 

En tiempos de Inteligencia Artificial, el coaching ontológico recuerda algo esencial: la transformación profunda sigue ocurriendo cuando dos personas se encuentran con respeto, claridad y compromiso.

 

Danilo Stigliano
Coach Ontológico Profesional
Coach FICOP 770

Voluntario de COSF