¿Cómo nos relacionamos si nuestras conversaciones se están apagando?

Últimamente vengo observando algo que me inquieta. Antes, conversar era algo natural. En una plaza, en la parada del colectivo, en una sala de espera… alcanzaba con preguntar la hora para que se abriera una charla simple, genuina, hasta tierna y se generaran relaciones (amistad, compañerismo, sentimentales, etc). Hoy eso casi no sucede. Y no hablo solo de adolescentes o jóvenes: también lo veo en personas de 60, 70 u 80 años que tienen todavía tanta vida por delante, pero cada vez menos compañía con quien compartirla.

Vivimos más años, sí. La sobrevida se estira y nos regala décadas que antes eran impensadas. Pero paradójicamente, también veo cada vez más soledad, más silencios, más introversión, más vínculos reemplazados por pantallas.

Y me pregunto:

¿Qué pasa cuando una sociedad alarga la vida, pero acorta las conversaciones?

¿Qué mundo construimos cuando la gente ya no practica hablar, escuchar, interrumpirse con ternura, disentir con respeto?

Lo veo en los jóvenes, que muchas veces no saben por dónde empezar un diálogo cara a cara. Y lo veo en los mayores, que habiendo vivido tanto, necesitan contar sus historias… pero ya no encuentran quién tenga tiempo para escucharlas.

Como coaches, estamos en un lugar particular. Siento que nuestro rol se vuelve casi artesanal: recuperar el arte de la conversación. Ser puente entre mundos que dejaron de encontrarse. Crear espacios donde alguien pueda decir “acá me escuchan” “acá si puedo conversar” sin miedo a ser juzgado, sin tener que fingir seguridad, sin pedir atención.

Escuchar un referente de nuestro mundo de coaches Rafael Echeverría, a través de su obra fundamental "Ontología del Lenguaje", postula que el lenguaje es generativo: no solo describe la realidad, sino que la crea. En este marco, la conversación es la herramienta principal mediante la cual los seres humanos se construyen a sí mismos, modelan su identidad y coordinan acciones con otros. La conversación se entiende como un proceso dinámico que implica no solo hablar, sino, crucialmente, escuchar activamente

Y pienso que, en un tiempo donde tanta gente vive desconectada incluso estando rodeada, acompañar conversaciones puede ser una de las tareas más urgentes y más humanas de nuestra profesión.

Tres prácticas conversacionales para tiempos de desconexión

  1. Crear microespacios de encuentro: sesiones cortas, preguntas simples, silencios habilitados. No hace falta mucho tiempo; hace falta presencia.
  2. Enseñar a preguntar de nuevo: recuperar preguntas que abren, no las que cierran. “¿Cómo estás?” sigue siendo revolucionaria.
  3. Honrar la escucha como acto de cuidado: escuchar sin apuro, sin resolver, sin corregir. Escuchar como quien sostiene una cuerda para que el otro vuelva a sí mismo.

Si vamos a vivir más años, entonces también necesitamos más conversaciones.
Porque no es la longevidad lo que nos humaniza: es la capacidad de encontrarnos.

Por: María José Mercadin

COA 8396