La escuché y me detuve.
¿Estamos entrando en un mundo donde las conversaciones humanas se vuelven prescindibles? ¿Dónde queda nuestra profesión?
Quiero decir algo que quizás, incomode, pero es real: esto ya no es futuro, es presente.
Ya existen robots humanoides como NEO, y los chatbots forman parte de la vida diaria. Lo sabemos: hay personas que conversan con IA como si fuera un psicólogo, un confidente… incluso un coach.
Entonces, colegas, aparece una pregunta urgente: Si la IA empieza a ocupar espacios conversacionales, ¿Qué lugar ocupamos nosotros? Y ahí aparece en mí una certeza que no pretendo imponer, sino compartir:
La IA puede conversar, sí. Puede responder rápido, puede organizar ideas, puede simular empatía.
Pero no puede —ni podrá— hacer algo que constituye el corazón de nuestra práctica:
- Sostener la vulnerabilidad humana sin prisa.
- Navegar la emocionalidad auténtica sin convertirla en datos.
- Acompañar el sentido de una vida que se está reconfigurando.
- Habitar el silencio como terreno fértil.
- Ver al otro como posibilidad, no como problema a resolver.
Ese es nuestro territorio.
Nuestro arte.
Nuestra responsabilidad ética.
Por eso no veo este tiempo como una amenaza, sino como una hermosa urgencia:
Si las conversaciones humanas se empobrecen, nuestra presencia se vuelve más necesaria que nunca.
Y entonces me pregunto —les pregunto— ¿Qué competencias necesitamos fortalecer para estar a la altura de este nuevo mundo?
Propongo tres prácticas esenciales para seguir cultivando como comunidad para coaches ontológicos en tiempos de IA:
- Volver a la presencia: Escucha que respira, que recibe, que no acelera.
- Habilitar espacios de sentir: donde la persona pueda experimentarse, no solo explicarse.
- Crear conversaciones esenciales: Diálogos que abran sentido, propósito y humanidad, allí donde otros solo entregan respuestas.
Hoy más que nunca, colegas, nuestras conversaciones importan. Porque cuando la inteligencia artificial hable más…somos nosotros quienes podemos ayudar a que los seres humanos vuelvan a encontrarse a través de nuestra propia humanidad.
María José Mercadin
COA No. 8396

