¿QUIÉN CONVERSARÁ CON NUESTROS HIJOS (Y CON NOSOTROS)?

 

Colegas, quiero invitarlos a abrir una conversación que, creo, nos toca de cerca. Hace unos días escuché una frase que me atravesó. Mario Pergolini dijo:
“La IA no necesita que le digas gracias, y muy pronto conversará más con nuestros hijos que nosotros mismos.”

La escuché y me detuve.

¿Estamos entrando en un mundo donde las conversaciones humanas se vuelven prescindibles? ¿Dónde queda nuestra profesión?

Quiero decir algo que quizás, incomode, pero es real: esto ya no es futuro, es presente.

Ya existen robots humanoides como NEO, y los chatbots forman parte de la vida diaria. Lo sabemos: hay personas que conversan con IA como si fuera un psicólogo, un confidente… incluso un coach.

Entonces, colegas, aparece una pregunta urgente: Si la IA empieza a ocupar espacios conversacionales, ¿Qué lugar ocupamos nosotros? Y ahí aparece en mí una certeza que no pretendo imponer, sino compartir:

La IA puede conversar, sí. Puede responder rápido, puede organizar ideas, puede simular empatía.

Pero no puede —ni podrá— hacer algo que constituye el corazón de nuestra práctica:

  • Sostener la vulnerabilidad humana sin prisa.
  • Navegar la emocionalidad auténtica sin convertirla en datos.
  • Acompañar el sentido de una vida que se está reconfigurando.
  • Habitar el silencio como terreno fértil.
  • Ver al otro como posibilidad, no como problema a resolver.

Ese es nuestro territorio.

Nuestro arte.

Nuestra responsabilidad ética.

Por eso no veo este tiempo como una amenaza, sino como una hermosa urgencia:
Si las conversaciones humanas se empobrecen, nuestra presencia se vuelve más necesaria que nunca.

Y entonces me pregunto —les pregunto— ¿Qué competencias necesitamos fortalecer para estar a la altura de este nuevo mundo?

Propongo tres prácticas esenciales para seguir cultivando como comunidad para coaches ontológicos en tiempos de IA:

  • Volver a la presencia: Escucha que respira, que recibe, que no acelera.
  • Habilitar espacios de sentir: donde la persona pueda experimentarse, no solo explicarse.
  • Crear conversaciones esenciales: Diálogos que abran sentido, propósito y humanidad, allí donde otros solo entregan respuestas.

Hoy más que nunca, colegas, nuestras conversaciones importan. Porque cuando la inteligencia artificial hable más…somos nosotros quienes podemos ayudar a que los seres humanos vuelvan a encontrarse a través de nuestra propia humanidad.

 

María José Mercadin

COA No. 8396