Tenemos que partir de un par de “hechos”: existo YO y existe el MUNDO que está afuera de mí. Usted que lee estas líneas, cuando se piensa a sí mismo dice “yo”; y cuando piensa en todas las demás personas y en las cosas y sucesos que están afuera de Ud., dice “el mundo”. (Vale recordar que Ud. que lee esto y yo que lo estoy escribiendo, somos parte del mundo).
La verdad
Si entendemos la distinción entre YO (recuerde que Ud. se piensa como un “yo”) y el MUNDO, entonces tenemos que entender que la “verdad” está en el YO y no en el MUNDO. Dicho de otra manera, las cosas del mundo no son verdaderas ni falsas, loque es verdadero o falso es lo que pensamos, creemos y decimos acerca de esas cosas, cuando esas cosas son “hechos” acerca de los cuales podemos hacer “afirmaciones”, que de acuerdo con la Ontología del Lenguaje tienen que ser verdaderas o falsas, ¡una de dos!
Esto significa que “verdadero” y “falso” son categorías que se refieren al CONOCIMIENTO que tenemos de las cosas, no a las COSAS en sí. Las cosas son simplemente lo que son: Un árbol es un árbol, una montaña es una montaña, y una persona es esa persona, no importa el nombre que le demos a esos entes ni lo que pensemos de esos entes. El conocimiento siempre está dentro de un “yo” al que llamamos “cognoscente” (el sujeto que es capaz de obtener conocimiento y que tiene dentro de sí un conocimiento de las cosas).
El conocimiento está en los sujetos, y en las obras escritas o habladas por esos sujetos, ya sea que se guarden en papel, vídeos o soportes electrónicos.
Vamos a un ejemplo. En el jardín de mi casa hay un árbol natural, vivo. Ese ente es un árbol vivo, es lo que es. Si yo pensara que ese árbol es artificial y dijera “ese árbol no es natural”, entonces mi afirmación, es decir, lo que yo pienso y digo es “falso”, porque no corresponde con el hecho real de que ese árbol es natural. En caso contrario, si yo pensara que ese árbol es natural, un ser viviente, y dijera “ese árbol es natural”, entonces lo que yo pienso y digo es “verdadero”. Reitero la idea: la verdad yla falsedad está en mi percepción e interpretación de las cosas del mundo y en lo que digo acerca de ellas, no en las cosas mismas; éstas son lo que son, ni verdaderas ni falsas. Esto ya lo entendía Platón: la verdad (y la falsedad) es una “correspondencia” (o una “no correspondencia”) entre las cosas y mi conocimiento de esas cosas acerca de las cuales digo algo.
Con respecto a lo anterior, el problema filosófico actual está expresado en la pregunta: ¿Podemos los humanos percibir la realidad exactamente tal como es? Con esto estamos planteando un tema sumamente interesante, que es central en la posmodernidad, pero que no modifica el hecho de que las cosas son las cosas y el conocimiento que “yo” tengo de las cosa es “mi” conocimiento de esas cosas, ya sea exacto o inexacto. De esto se trata la teoría del conocimiento de Kant, que distingue entre las “cosas en sí” (nóumeno) y la representación de las cosas en nuestra conciencia (fenómeno). Las cosas son las cosas, insistimos, ya sea que las podamos conocer o no, y que nuestro conocimiento de ellas sea exacto-completo-y-exhaustivo o no.
Vamos nuevamente a un ejemplo: los virus y otros micro-organismos eran virus y micro-organismos antes de que pudiéramos saber de su existencia. Y el cosmos con sus galaxias y cuerpos celestes eran eso, muchísimo antes de que los humanos apareciéramos en el universo para enterarnos de que existe el cosmos. Las cosas son las cosas, ya sea que yo las conozca o no. (Y algo obvio: yo tengo que existir para poder tener conocimiento. Sin mi existencia las cosas han sido, siguen siendo, y serán lo que son, o lo que estén siendo, antes de mi nacimiento y después de mi muerte).
Lo subjetivo y lo objetivo
Entendiendo que la verdad pertenece al ámbito gnoseológico o del conocimiento, entendemos entonces que “subjetivo” y “objetivo” son categorías que pertenecen al ámbito de nuestro conocimiento de las cosas y no al ámbito de las cosas en sí mismas.
Expresado en el lenguaje tradicional de la Filosofía, “subjetivo y objetivo” son distinciones gnoseológicas y epistemológicas y no son ontológicas. Las cosas del mundo no son subjetivas u objetivas, lo que puede ser objetivo o subjetivo es nuestro conocimiento de las cosas.
De este modo, algo subjetivo no hace referencia directamente al objeto en sí (la cosa en sí) ya que está basado en la percepción de los sentidos y la valoración e interpretación que una persona le puede dar. Subjetivo es un adjetivo que identifica algo como propio de la manera de percibir, pensar o sentir de una persona.
Lo subjetivo está dentro de nuestro “yo”, no está en “el mundo” que existe afuera de cada uno de nosotros.
De esto se derivan como corolarios dos temas: el “subjetivismo” y el “constructivismo”. El subjetivismo es la doctrina (todo “ismo” es una doctrina) que hace depender la validez del conocimiento humano de factores que residen en el sujeto cognoscente. (Nótese que hablamos del “conocimiento” que tenemos de lascosas y no de las cosas en sí). Por otra parte, el constructivismo es la doctrina que plantea que el conocimiento humano no es el resultado de recibir pasivamente en nuestra conciencia la realidad exterior a cada uno, sino que es una construcción que hacemos y que depende tanto de factores personales e individuales (como nuestra interpretación de las cosas, nuestra experiencia, nuestra historia personal, nuestros puntos de vista, nuestras creencias, nuestros intereses y hasta nuestros prejuicios) como de factores externos o contexto histórico (la cultura y la sociedad en que nos toca vivir, y en general los paradigmas de cada período histórico). En el caso del constructivismo, como en el subjetivismo, hablamos del “conocimiento” que tenemos de las cosas, no de las “cosas en sí”
¿Y qué sería algo objetivo? Objetivo es un adjetivo que identifica un conocimiento como desprovisto de juicios personales, de interpretaciones y de valoración individual. Por ejemplo, podemos decir que “sobre esa mesa hay dos lápices”, y si en realidad hay dos lápices, y así los nombramos en nuestra cultura compartida, se trataría de un conocimiento objetivo, que corresponde a los hechos. De todos modos el conocimiento de los hechos está dentro de nuestro “yo” –en nuestra mente— y no en “las cosas en sí”
Los lápices de nuestro ejemplo no son objetivos, lo objetivo es nuestro conocimiento de los lápices.
La discusión filosófica de si hay o no conocimiento objetivo, o completamente objetivo, ya que todo conocimiento está dentro de nosotros e implica en consecuencia una representación mental e individual de las cosas, no tiene importancia práctica para el conocimiento científico ni para el conocimiento personal que nos permite vivir con coherencia y seguridad desde que nos despertamos hasta que dormimos. Si frente a mí hay un muro, más vale que reconozca que es un conocimiento objetivo y evite chocar con él, en lugar de ponerme a filosofar discutiendo si se trata de mi interpretación de la realidad, o que si es solo una construcción de mi mente cognoscente. ¡El muro seguirá siendo el muro, no importa lo que pensemos ni el nombre que le pongamos! ¡Y más vale que evitemos chocar con él!
Segunda entrega en el siguiente boletín.
Enrique Espinosa
Máster Coach FICOP No. 1821
Director de Investigación
FICOP

