Finalizando un año de vida

Finalizando un año de vida

Aunque sea una especie de imposición social para este lado del mundo, la culminación de un año no es más que un día en el calendario. Marca el final de una vuelta al sol y el inicio de otra. Y de acuerdo a eso hacemos planes, acuerdos y buscamos la forma de mantenernos motivados por sobre cualquier inconveniente. A ratos, si miramos a nuestro alrededor, podría resultarnos complejo el ponerle buena cara a la vida luego de hacer ciertos balances “globales”: enfermedades, guerras, injusticias, hambrunas entre otros varios puntos que nos hacen dudar de si hay temas por sobre los cuales una persona se podría alegrar genuinamente. Nunca falta el pesimista que apela a la llegada de un meteorito o a alguna enfermedad que extermine a la raza humana de la faz de la Tierra, porque encuentra muy poco sentido a lo que pasa a nuestro alrededor.

Por: Sofía Natalia Gavilánez Romero
Coach Ontológico Acreditado por la FICOP


Sin embargo, volviendo la vista a lo micro, a tu casa, tu trabajo o tus logros, por pequeños que sean (algunos, quien sabe, resulten más grandes de lo que tú mismo creas),  puedes recobrar la esperanza. Y recuerdas el amigo que siempre estuvo contigo, a la familia que no te da la espalda cuando haz necesitado algún tipo de ayuda, a tus hijos (si los tienes) o a tu pareja (el mismo caso) o a ese desconocido que te hizo un favor en una situación incómoda y que te salvó el día.


Seguramente, para muchos ha sido un año de muchos retos y tiempos complejos. Para otros, el año de muchos logros y metas conseguidas. Pero siempre quedarán esas anécdotas que te podrán sacar una sonrisa y ese momento originado en un café o en una cena que derivó en una conversación de horas con dolor en la mandíbula.


Si, es posible que si regresamos a ver a nuestro macro alrededor habrá muchos problemas, muchas situaciones tristes. Pero más triste sería sumarle la ausencia de nuestra sonrisa a las cosas buenas que hemos tenido. Esta semana, por temas varios, estuve presente en una ceremonia religiosa. El oficiante, hablaba de que todos tenemos problemas, pero que como eso nunca falta, lo que debemos hacer es enfrentar las cosas con alegría, pues, por alguna razón se están dando. Y bueno, puede que muchos no crean en Dios ni en el destino, pero cada uno puede darle sentido a lo que le está sucediendo: se puede sacar muchos aprendizajes de esa pérdida que ha sufrido (cualquiera sea su índole), empezando por la valentía y esfuerzo al seguir trabajando en salir adelante. Posiblemente, algún ser querido ya no se encuentra en este plano material. Pero por muy doloroso que eso sea (y cada quien puede tomarse el tiempo necesario para sentir ese dolor y expresarlo de la manera que considere conveniente) se puede escoger celebrar la vida que tuvo esa persona y los momentos que dejó en cada corazón que conoció.

La vida es un ratito, dicen, y todavía recuerdo a mi abuelita que, cuando cumplio 95 me decía que no sabía a qué rato se le fueron tantos años y que, encantada, regresaría sus 50. Este año trascendió a otro plano a la edad de 106.

Podemos aprovechar cada momento que se vive de la forma en la que nuestro corazón nos sintonce mejor. Como dice mi padre, “entre la aflicción y el milagro, escoja siempre el milagro”. Porque problemas, siempre va haber, pero cada uno tiene la opción de escoger cómo transitar este camino.
Entonces, escojamos algo que nos haga felices, otra tema que te signifique un reto, revisemos lo que no hemos hecho aún pero que queremos cumplir, avancemos con pequeños pasitos y hagámoslo a diario para que no se nos acumule. Hagamos una lista de lo bueno que vivimos en este 2023 y ese cartel de sueños a cumplir en el 2024. Llevemos un cuadernito de notas en las que podamos agradecer las cosas buenas que nos sucedieron cada día y también, notas de eso que nos causa dolor y que queremos canalizar de mejor manera.

Conversemos, ríamos y lloremos. Caminemos. Disfrutemos de la sonrisa de los que nos quieren bien y a los que no, enviémosles bendiciones, nadie sabe qué están viviendo en sus universos personales. Escojamos una actividad para hacer por puro gusto o placer y practiquémosla periódicamente. Leamos libros, escuchemos música. Hagamos ese curso que venimos postergando desde hace tiempo. Aprendamos a descansar, es necesario. No dejemos cabos sueltos y empecemos con nuevos bríos este ciclo que empieza, porque puede ser una mera formalidad, pero le da sentido a nuestra vida y mientras eso exista, hay vida y mientras hay vida, hay muchas esperanzas y sueños por cumplir.